LA PERSONA MACHISTA TIENE MAL ALIENTO

          El Diccionario de la Real Academia Española se equivoca al definir el machismo como una “Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”; no es actitud de los varones y nada más, sino una actitud de toda persona que siente, piensa y actúa como si los hombres fueran esencialmente superiores a las mujeres. Además, no es algo que los varones preparen con premeditada mala intención y no es algo que sea consecuencia totalmente natural; es cierto que a lo largo de la historia los jefes, emperadores, reyes y presidentes casi siempre han sido varones, pero no siempre ha sido así: sabemos que desde la Antigüedad ha habido reinas muy poderosas y otras mujeres guerreras y otras sabias.

schiavone linda          ¿Diríamos que el grandioso león es superior a la leona? ¿O que la ballena hembra (mayor en tamaño que el macho) es superior a la ballena macho? ¿O que la mantis religiosa y la viuda negra que se comen al macho después de recibir las células fertilizantes son más poderosas? Hay especies animales en que el macho es pequeño en comparación con la hembra, hay mujeres que son más inteligentes que la mayoría de los hombres, otras que son más grandes en talla, y al mismo tiempo hay hombres más miedosos que las mujeres, y más “complicados” sensibles y delicados que muchas mujeres. Hay tal variedad de mujeres y hombres que así podemos refutar la idea de que el machismo es un fenómeno determinado por la biología o la genética. Además, diferentes sociedades dan trato diferente a niñas y mujeres. En algunas culturas todavía se extirpan el clítoris y los labios mayores y menores de los genitales de las niñas y por otra parte se permite que hombres adultos se casen con niñas que no han completado su desarrollo físico ni emocional. ¿En nuestra sociedad daríamos a

104084_SCHIAVONE_170111  nuestra hija pequeña en matrimonio a un hombre de cuarenta o veinticinco años de edad? Seguramente que no lo admitiríamos y que estaríamos convencidos de que tal tradición cultural es salvaje y primitiva. Sin embargo, y pese a todo, tampoco nosotros estamos libres de ser observados: hay gente de otras sociedades que ve como primitiva nuestra manera de ocultar las realidades de la vida sexual a los niños y a las niñas.

          En fin: ¿cuál es la cultura más apropiada en cuanto al trato que debería darse a niñas y mujeres?

          Lo más importante de todo es que la discriminación se reproduce en sociedad, es cultural. El machismo lo reproducimos en los hogares de familia, en las escuelas, en los colegios, en las universidades y a través de los medios masivos de comunicación. La televisión expone mujeres maniquí como inevitablemente deseables y hay quienes dicen: “sí…, es cierto…, las mujeres somos más complicadas que los hombres por naturaleza”, y que recomiendan la telenovela de turno diciendo que es tierna y amorosa.

          El comportamiento machista de los hombres puede ser brutal o suave y oculto. Hay un acto, leve o sutil para la ley, pero que psicológicamente es violento: La mirada que “desviste” preferentemente a mujeres de condición social relativamente menor y a las jovencitas, mirada que es como si les dijéramos a ellas: “nos perteneces a los hombres y vamos a darte la función de satisfacernos”. Reírse de las mujeres a muchos hombres les parece parte del buen vivir, pero ¿y si fuera nuestra hija la mujer de la que se burlaran? ¿Verdaderamente son inofensivas las guasas sobre la inteligencia de las mujeres?

Sin duda que el maltrato hacia las mujeres por parte de ellos es lo más común en todo el mundo, pero el comportamiento machista de ellas -femichismo- es también frecuente, no podría ser de otra manera, porque el machismo, como cualquier costumbre socialmente promovida requiere del concurso de todos. No es infrecuente la mujer que se deja manipular por hombres abiertamente manipuladores, la que busca y prefiere a los hombres machotes, a aquellos que ya desde el noviazgo la maltratan. La mujer machista se enamora del hombre machista que la va a tiranizar, ella es machista. Hay mujeres que se estiman tan poco a sí mismas que, se diría, están convencidas de que el hombre es superior a la mujer. No es raro ver mujeres solteras que se ponen a órdenes de un hombre que tiene hijos con otra mujer a la que ha abandonado junto con sus hijos. No es difícil conocer mujeres que se dejan engatusar fácilmente por un hombre lisonjero, atento, detallista, al que cuantas más palabras “lindas” le escuchan decir más les parece que es el hombre perfecto para ellas. Y no digamos lo fácil que resulta escuchar a mujeres que denigran a otras: “es fea”, “¡qué manera de caminar que tiene!” “ésa prenda de vestir no le va bien”.

Los moretones son más frecuentes en los cuerpos femeninos, pero la violencia se alimenta de tradiciones, de “usos y costumbres”. La violencia del macho no puede existir sin respuestas de la mujer que admiten que ocurra.

Hombres y mujeres deberían defenderse del machismo. Hace daño porque es una tradición violenta cada vez menos admisible. El mundo y la sociedad cambian. ¿Cómo defendernos de la tradición machista que todos y cada uno de nosotros reproducimos? En mi opinión hay una sola manera de salir de la cultura del machismo, un camino: mejorar nuestro nivel de vida. Sin embargo, la educación es un bien que sólo puede adquirirse cuando las condiciones económicas son consistentes y políticamente sustentables. ¿Pero entretanto llega esa sociedad de ensueño, qué podemos hacer? En mi opinión, nada, o todo, según se vea.

La educación como política estatal debería ser la mayor empresa, la más grande y mimada.

Y la definición del diccionario debería parecerse a la de ‘racismo’: “Exacerbación del sentido de superioridad de los varones. / Doctrina basada en este sentimiento y que y motiva la subordinación de las personas de sexo femenino.”

Gabriel García Márquez anota: “Yo diría que el machismo, tanto en los hombres como en las mujeres, no es más que la usurpación del derecho ajeno. Así de simple”.

Mary Daly, filósofa feminista radical, académica, teóloga estadounidense, dice: “Si Dios es hombre, entonces el hombre es Dios. El patriarca divino castra a las mujeres todo el tiempo que se le permite vivir en la imaginación humana ”.

Simone de Beauvoir, filósofa francesa que fue y es más inteligente que muchos de los que llevamos eso que nos distingue, dice: “«El día que una mujer pueda no amar con su debilidad sino con su fuerza, no escapar de sí misma sino encontrarse, no humillarse sino afirmarse, ese día el amor será para ella, como para el hombre, fuente de vida y no un peligro mortal.»