ES CIERTO, LA VERDAD NOS HACE LIBRES

mafalda verdadEn un principio la verdad ha estado cerca al alcance de las manos y del entendimiento: la verdad eran los animales antiguos, los ríos, los árboles, las ramas de los árboles, las piedras, los compañeros de juegos, los hijos, los jefes y, enfrente, las mujeres y los hombres del grupo vecino. Aunque sólo hasta que algunos funcionarios han declarado perseverantemente que los jefes tenían espíritus diferentes, privilegiados, lo que ha determinado que se inventara el pecado.

Unos siglos antes de Cristo, en las ciudades-Estado de la Grecia Antigua algunos ciudadanos se han ocupado de hacer obras de arte y de difundir y reportar los resultados de sus investigaciones acerca de los fenómenos naturales. Y así la verdad ha ido escapando de manos del poder. La escritura había progresado y los curiosos, es decir, los filósofos e investigadores podían aunque estuvieran muy lejos, estudiar y someter a prueba lo que otros reportaban y podían, a su vez, escribir si les parecía cierto o no lo que leían.

Roma ha sometido a Grecia y por necesidades de dominio ha desarrollado tecnología de armas bélicas y de construcción de edificaciones pero al mismo tiempo ha evitado que se desarrollara la ciencia social, necesitaba evitar que se cuestionaran sus privilegios, los de los ciudadanos más favorecidos y los de los favoritos de éstos.

Pero transcurridos unos siglos Roma ha ido debilitándose porque todo cambia, porque los más ricos se han ido al campo para evitar pagar impuestos y porque allí no tenían que temer a sus esclavos, quienes se fueron convirtiendo en clientes suyos que tenían obligaciones; las principales: pagar un alquiler por las tierras del amo y dar apoyo armado a su señor. Y los esclavos se han ido convirtiendo en siervos feudales y Roma de Occidente ha ido perdiendo unidad debido a la desconcentración de su poder económico.

El 30 de abril de 311 el emperador Galerio Maximiliano después de haber participado activamente de persecusiones violentas contra los cristianos ha emitido el Edicto de Tolerancia de Nicomedia, edicto que ordenaba que se permitiera a los cristianos que edificaran templos en honor a su dios y que pudieran reunirse libremente; dos años después, el año 313, Constantino el Grande o San Constantino ha dictaminado, junto con Lucilio, el emperador del Imperio Romano de Oriente, el Edicto de Milán, decretando la libertad de religión en todo el territorio romano; sesenta y siete años después, el 27 de febrero del año 380, Teodosio, emperador de ambos imperios, ha decretado que la religión católica sea la única aceptada. A partir de entonces, comenzando en la propia Europa y hasta el adoctrinamiento en la América indígena los católicos han cometido matanzas en contra de pueblos que rechazaban dejar a sus dioses y convertirse a la religión oficial.

Los monasterios han sido terratenientes poderosos, la Iglesia ha sido una institución indiscutible, única y que impregnaba toda la estructura de la sociedad durante la Edad Media. Así, la doctrina católica se ha constituido en una institución reificada.

Reificación es un término de la jerga de la teoría de la construcción social del conocimiento, significa que después de que unos actos se han hecho habituales entre individuos de una sociedad, tales actos son esperados en el futuro como sanos y normales, hasta el punto que si no son realizados por parte de los actores sociales, aun de las generaciones descendientes, tales faltas pueden considerarse incorrecciones de comportamiento y terminar así, la institución o comportamiento socialmente construido, constituyéndose en una forma de control social al objetivarse como ley establecida. Lo que comienza como un intercambio común de conductas puede llegar a interpretarse como la realidad indiscutible, como la verdad. Lo peligroso de la reificación es que consolida a unos privilegiados y que todos, favorecidos y desfavorecidos por la reificación, olvidan el proceso por el cual se otorgaron tales privilegios.

Ha sido la reificación de la doctrina cristiana un fenómeno socio-psicológico que ha dado ambiente ideológico y moral en el que las mujeres y hombres han vivido durante la Edad Media. Entre los siglos quinto y décimo quinto casi no se ponía en duda la “realidad” cristiana y filósofos y científicos han tenido miedo de decir lo que era condenado por el Vaticano.

Pero a mediados del siglo décimo quinto, después de mil años de predominio cristiano ha comenzado la ruptura de la unidad de la Iglesia, época marcada por la caída de Constantinopla a manos de los turcos (1453), la invención de la imprenta y el desarrollo del Humanismo y del Renacimiento, además de la llegada de los españoles al continente americano.

El Renacimiento ha sido el florecimiento, por primera vez desde que ha ocurrido algo semejante en la Antigua Grecia, de las artes, la poesía y la ciencia. Se considera que la confianza en el ser humano, humanismo, ha recomenzado  en aquella circunstancia entre otras en que se ha empezado a utilizar la imprenta moderna, aunque las primeras impresiones fueran de textos cristianos. Ha sido entonces que de modo autónomo las máquinas de imprenta se han replicado rápidamente y que ha comenzado la profusión de libros, por ejemplo la impresión de diferentes versiones de la Biblia.

Con la imprenta y otros adelantos en el material en que se imprimía, las ideas y los informes científicos podían viajar más fácilmente que nunca y perdurar lo suficiente como para que se establecieran debates entre personas que ni siquiera tenían que estar vivas para generar el debate, ventaja que ha facilitado y mejorado la calidad de las discusiones acerca de la verdad. Los muertos podían seguir debatiendo.

El recorrido ha sido arduo. Isaac Newton, por ejemplo, uno de los pilares de la historia de la ciencia, ha dedicado más tiempo de su vida a estudiar y escribir obras que apoyaban la tesis de la existencia del dios de la Biblia, más tiempo que a su obra científica referida principalmente a la ley de la gravedad.

El siglo veinte casi no ha dejado títere con cabeza, es decir, no ha respetado nada como para dejarle libre de ser objeto de investigación metódica, ni la misma mente humana ni su base biológica, el cerebro.

No obstante, y en mi opinión, la verdad más importante a develar por la ciencia actual, no son los misterios de la mente humana ni los del cosmos infinito, sino dejar al descubierto algo que parece tener voluntad propia: descubrir cómo se oculta la verdad, descubrir cuáles son los intereses políticos y económicos que ocultan la verdad.

La verdad nos hace libre de las mentiras. Y nos hará libres.

Al respecto Antonio Machado poeta español ha dicho: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”.