EXPERIENCIAS …

Recuerdo un joven de 28 años, quería consumar su compromiso de amor. La chica  era de su pueblo natal donde vivían los padres de ambos enamorados. Él y yo éramos jóvenes y amigos. En la terraza soleada de mi vivienda me contó su problema. Él había tenido también una experiencia fallida en el extranjero, en un edificio con puertas muy juntas donde los que desfilaban eran los hombres. Estaba desesperado y creía que la novia se burlaría de él. Machismo o no, me tocó intervenir: Le hablé de la dependencia material y emocional. Él era independiente en lo económico. Le mandé tirarse al suelo en su habitación o donde pudiera estar a solas, y revolcarse emitiendo gritos; y que fuera al pueblo a hablar con su madre, a solas. Debía mirar a aquella mujer maternal con objetividad y decirle que la amaba. Él era un buen hijo que trataba siempre con cariño a su madre, pero no le había dicho nunca que la amaba, no tan explícitamente. El amigo no volvió a consultarme. Lo vi después de unos meses sin que tuviéramos cita, en la vía pública, estaba conviviendo con la amiga común que teníamos desde hacía unos años. Nadie dijo nada. Ella estaba embarazada.

Mi filosofía en cuanto a psicoterapia es, para mí, sencilla: Lo que una persona hace, dice, piensa y siente, está influenciado indefectiblemente por lo que hacen los demás. Intervienen también, en esta influencia, las experiencias pasadas, especialmente las de la infancia, pero sean cuales sean las experiencias pasadas, están sostenidas en el presente por la gente y por la cultura de la sociedad de la que la persona es parte. Así que intervenimos técnicamente en el presente, en lo que está ocurriendo aquí y ahora para el consultante o cliente. Sin embargo cabe la siguiente pregunta: ¿Dónde comienza entonces el problema personal? ¿En la persona que está sufriendo o en las otras personas? Lo cierto es que hay una micro-cultura de grupo en la que todos son dependientes, inter-dependientes. Nadie en el mundo vive solo. La comunicación e interdependencia entre personas es inevitable. En mi manera de hacer psicoterapia se cambia un hábito conductual, una idea o una comunicación interpersonal en cualquier punto de aquella red hecha de cultura y personas, y el resultado es un cambio en todo el sistema.

Para lograr el cambio deseado es imprescindible tener una comunicación de mutua asistencia entre terapeuta y cliente o clienta o clientes. Peculiaridad no muy habitual en la sociedad competitiva que componemos. Aquí hacen su papel la sensibilidad y la experiencia. Que alguien acepte hacer algo diferente en su vida no es fácil.

Creo en la hipnosis, pero no necesariamente en la de espectáculo público, sino en la que ocurre a diario entre personas que se toman en cuenta de un modo singular.

La teoría básica de todo esto está expresada científicamente en lo que se conoce como Teoría de la Comunicación Humana. Mi escuela psicoterapéutica ha sido siempre la ‘sistémica’ (terapia estratégica sistémica breve). Los epígonos que son referencia y así son presentados en los libros especializados son Milton Erickson, Paul Watzlawick, Giorgio Nardone, entre otros.

Sin embargo, la psicología no es una ciencia ‘dura’, totalmente respaldada por medidas exactas, es más bien una ciencia humana; para mí que es artística.

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